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«TRAMPOSO»— El entrenador del FC Barcelona, Hansi Flick, exigió a la RFEF y a LaLiga que convoquen de inmediato a Julián Álvarez para una investigación exhaustiva después de que el delantero argentino del Atlético de Madrid rompiera el récord de más goles anotados en un solo partido de LaLiga esta temporada. El técnico alemán también afirmó categóricamente que Julián Álvarez había violado normas relacionadas con sustancias prohibidas, insinuando que su rendimiento extraordinario no podía explicarse de otra forma. Sin embargo, hace apenas unas horas, Julián Álvarez respondió con contundencia en la rueda de prensa posterior al partido, dejando al entrenador blaugrana descolocado, obligándolo a salir públicamente a pedir disculpas y a rogarle perdón a él y al Atlético de Madrid.

«TRAMPOSO»— El entrenador del FC Barcelona, Hansi Flick, exigió a la RFEF y a LaLiga que convoquen de inmediato a Julián Álvarez para una investigación exhaustiva después de que el delantero argentino del Atlético de Madrid rompiera el récord de más goles anotados en un solo partido de LaLiga esta temporada. El técnico alemán también afirmó categóricamente que Julián Álvarez había violado normas relacionadas con sustancias prohibidas, insinuando que su rendimiento extraordinario no podía explicarse de otra forma. Sin embargo, hace apenas unas horas, Julián Álvarez respondió con contundencia en la rueda de prensa posterior al partido, dejando al entrenador blaugrana descolocado, obligándolo a salir públicamente a pedir disculpas y a rogarle perdón a él y al Atlético de Madrid.

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«¡TRAMPOSO!» — El entrenador del FC Barcelona, Hansi Flick, exigió a la RFEF y a LaLiga que convoquen de inmediato a Julián Álvarez para una investigación exhaustiva después de que el delantero argentino del Atlético de Madrid rompiera el récord de más goles anotados en un solo partido de LaLiga esta temporada. El técnico alemán también afirmó categóricamente que Julián Álvarez había violado normas relacionadas con sustancias prohibidas, insinuando que su rendimiento extraordinario no podía explicarse de otra forma.

Sin embargo, hace apenas unas horas, Julián Álvarez respondió con contundencia en la rueda de prensa posterior al partido, dejando al entrenador blaugrana descolocado, obligándolo a salir públicamente a pedir disculpas y a rogarle perdón a él y al Atlético de Madrid.

El escándalo explotó como una granada en el vestuario del Camp Nou tras la contundente derrota del FC Barcelona por 4-0 ante el Atlético de Madrid en la ida de las semifinales de la Copa del Rey, disputada el 12 de febrero de 2026 en el Riyadh Air Metropolitano.

El partido fue un monólogo colchonero: un autogol de Eric García al minuto 6 tras un fallo garrafal del portero Joan García abrió la lata, seguido de los tantos de Antoine Griezmann (minuto 14), Ademola Lookman (minuto 33) y, precisamente, Julián Álvarez en el descuento del primer tiempo, sellando una goleada histórica que dejó al Barça prácticamente eliminado antes del descanso. El segundo tiempo fue un mero trámite, con el equipo catalán jugando con diez hombres tras la expulsión de García en el minuto 84.

Julián Álvarez, que llevaba varios partidos sin marcar, rompió su sequía con un golazo y participó directamente en los tres anteriores: generó el penalti que derivó en el autogol, asistió a Griezmann y presionó hasta el error que permitió el tercero.

Su actuación fue tan completa que, según los registros oficiales de LaLiga, superó el récord de contribuciones directas a goles en un solo partido de la competición esta temporada, con un impacto brutal en ataque y en presión alta que dejó exhausta a la defensa blaugrana.Fue una noche para el recuerdo del argentino, pero también el detonante de la furia desmedida de Hansi Flick.

En la zona mixta, nada más finalizar el encuentro, el técnico alemán perdió los nervios ante los micrófonos. «Esto no es normal. Nadie puede hacer lo que hizo ese chico sin ayuda externa. Exijo que la RFEF y LaLiga convoquen a Julián Álvarez ya mismo para que se investigue a fondo. Estoy convencido de que ha violado las normas antidopaje.

Es un tramposo. No hay otra explicación para un rendimiento así en un contexto de tanta presión», declaró Flick con voz temblorosa de rabia, desatando una tormenta mediática que recorrió España y Argentina en cuestión de minutos.

Las palabras del entrenador del Barcelona generaron una oleada de indignación en el entorno rojiblanco. Enrique Cerezo, presidente del Atlético, calificó las acusaciones de «cobardes, irresponsables y vergonzosas», mientras que Diego Simeone salió en defensa inmediata de su pupilo: «Julián es un profesional ejemplar, entrena más que nadie, cuida su cuerpo y su nivel es puro talento y trabajo. Flick debería mirarse al espejo antes de hablar de trampas. Esto es fútbol, no una conspiración».

La afición colchonera inundó las redes sociales con hashtags como #JuliánInocente, #RespetoAl9 y #FlickSinPruebas, defendiendo a capa y espada al delantero que se ha convertido en pieza clave del proyecto de Simeone.

La respuesta más demoledora llegó, sin embargo, en la rueda de prensa post-partido del Atlético. Julián Álvarez, con la serenidad y madurez que lo caracterizan a sus 26 años, tomó el micrófono y habló directamente al corazón del asunto: «Respeto mucho al señor Flick, es un gran entrenador que ha ganado títulos importantes y ha hecho cosas impresionantes en el fútbol. Pero acusarme de dopaje sin una sola prueba es una falta de respeto gravísima hacia mí, mi familia, mis compañeros y mi club.

No necesito sustancias para jugar así: entreno al máximo todos los días, duermo bien, como sano y amo este deporte más que nada. Si alguien duda de mi limpieza, que presente pruebas concretas en vez de hablar por hablar. Hoy celebramos una victoria importante con mi gente y mis compañeros, no con polémicas inventadas».

Las palabras del argentino fueron tan claras, tranquilas y contundentes que dejaron sin argumentos a cualquiera que hubiera apoyado las acusaciones de Flick. El técnico alemán, que seguía la conferencia desde el túnel de vestuarios, pidió de inmediato una conexión con los medios para rectificar.

Minutos después, en una declaración improvisada y visiblemente avergonzado, Flick rectificó por completo: «Quiero pedir disculpas públicas a Julián Álvarez, a su familia, al Atlético de Madrid y a toda la afición colchonera. Mis palabras fueron en caliente, fruto de la enorme frustración por la derrota y la eliminación virtual.

No tengo ninguna prueba ni sospecha real de dopaje. Fue un error grave decirlo y lo lamento profundamente. Espero que Julián y el Atlético me perdonen. Es un crack absoluto y lo demostró hoy con creces. Felicidades por el resultado y por el pase casi asegurado a la final».

La disculpa llegó tarde, pero fue aceptada de inmediato por el club rojiblanco. Simeone, en su comparecencia posterior, comentó con sorna contenida: «Todos podemos perder los nervios en un momento de rabia, pero lo importante es reconocerlo y seguir adelante. Julián es un ejemplo de profesionalismo y humildad». El propio Álvarez, en sus redes sociales esa misma noche, publicó una foto abrazado con sus compañeros y el escudo del Atlético, acompañada de la frase: «Fútbol limpio, siempre. Gracias por el apoyo incondicional. Ahora, a por la final».

El episodio ha dejado al FC Barcelona en una posición extremadamente incómoda. Flick, que llegó al club con la promesa de imponer orden y estilo, se ve ahora forzado a retractarse públicamente ante un rival directo y ante un jugador que, con su respuesta, ganó aún más admiración.

En el seno blaugrana ya se habla de una posible sanción interna o al menos de una reunión urgente con la directiva para evitar que futuras salidas de tono dañen más la imagen del club, sobre todo en un momento donde la vuelta en el Camp Nou (el 3 de marzo) requiere una remontada histórica que ahora parece aún más lejana tras esta polémica.

Mientras tanto, el Atlético de Madrid celebra el 4-0 como un paso gigante hacia la final de la Copa del Rey y consolida a Julián Álvarez como uno de los delanteros más en forma y letales de Europa. Su actuación no solo selló la goleada, sino que también silenció —al menos temporalmente— las acusaciones infundadas y reforzó su imagen de profesional intachable. El mensaje que queda flotando en el aire es claro: el talento genuino, combinado con trabajo diario y carácter, no necesita trampas para brillar en el fútbol de élite.

Lo que comenzó como una acusación explosiva de «¡TRAMPOSO!» terminó en una disculpa pública humillante para el técnico del Barcelona y en un refuerzo brutal de la reputación impecable de Julián Álvarez. El fútbol, una vez más, demostró que en el campo se gana con goles, asistencias y actitud, no con palabras gratuitas ni sospechas sin fundamento.