En la era digital, una declaración de guerra no siempre viene con una conferencia de prensa o una pista de dis. A veces, basta con un solo toque del pulgar en la pantalla de un smartphone. Para Curtis “50 Cent” Jackson, un hombre que ha convertido el trolleo en redes sociales en una forma de arte de alta guerra psicológica, un simple “me gusta” en Instagram acaba de enviar ondas de choque a través de la industria musical. El mensaje es claro: Shawn “Jay-Z” Carter, el magnate multimillonario aparentemente intocable, ya no está fuera de límites.

La tensión entre estos dos titanes ha estado latente durante más de dos décadas, una guerra fría llena de pullas subliminales y rivalidades empresariales. Pero los eventos recientes indican que la guerra fría se ha vuelto caliente. 50 Cent ya no se limita a observar desde la barrera; está desmantelando activamente la fortaleza de respetabilidad que Jay-Z ha construido durante 30 años.

El catalizador de esta última escalada fue sutil pero devastador. A finales de 2024, en medio del impacto del documental de 50 Cent en Netflix que expuso a otras figuras de la industria, el rapero publicó un dibujo burlándose del aspecto de Jay-Z. Era trolleo habitual, hasta que la sección de comentarios explotó. Un usuario llamado “Dom KMDA” planteó la pregunta que todos tenían en mente: “Mi única pregunta: él es el siguiente, ¿verdad?”.

En el mundo de las cuentas verificadas de celebridades, ese “me gusta” es una confirmación. Es un aval. Cuando se investigó, el usuario confirmó que la interacción era real y expresó sorpresa de que la leyenda del rap hubiera interactuado de verdad. Pero para 50, nada es accidental. Fue una bengala lanzada directamente hacia las oficinas de Roc Nation: estoy viniendo.
Si hay algo que 50 Cent entiende mejor que la melodía, es el timing. Los observadores han notado una precisión escalofriante en sus movimientos recientes. Su masivo proyecto documental, que dominó Netflix y la conversación pública, se estrenó el 2 de diciembre.
No fue una coincidencia. Al inundar el ciclo de noticias con historias de corrupción en la industria y “destinos trágicos” apenas 48 horas antes de la celebración personal de Jay-Z, 50 Cent se aseguró de que la conversación no girara en torno a globos y pastel. Se trataba de preguntas, acusaciones y miedo. Fue un movimiento diseñado para que Jay-Z pasara su cumpleaños no celebrando, sino defendiendo, mirando por encima del hombro a una narrativa que ya no podía controlar.
¿Por qué ahora? ¿Por qué ir tras el hombre más poderoso de la música? La respuesta podría estar en un desaire que 50 Cent nunca ha perdonado. El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl 2022 fue un momento histórico para el hip-hop, con Dr. Dre, Snoop Dogg, Eminem y Kendrick Lamar. 50 Cent hizo una aparición sorpresa viral, colgando boca abajo en un guiño a su video clásico.
Pero informes indican que Jay-Z, cuya Roc Nation produce el espectáculo de medio tiempo, supuestamente no quería a 50 Cent allí. Fue Eminem quien supuestamente trazó la línea: se negó a actuar si no incluían a su hermano de G-Unit. “Jay-Z dijo que no quería que eso sucediera”, afirmaron fuentes cercanas. Para un hombre como 50 Cent, que se enorgullece de su independencia y respeto, ser tratado como un invitado no deseado por un rival fue una declaración de enemistad. No reaccionó de inmediato; esperó. Y ahora está sirviendo esa venganza fría.
50 Cent también está amplificando las voces de aquellos marginados por el ascenso de Jay-Z. El artículo resalta los incendiarios comentarios de Jaguar Wright, cantante y exasociada de The Roots, quien ha estado en una cruzada mediática. En una entrevista viral con Piers Morgan, Wright usó una metáfora pegajosa para describir la relación entre Jay-Z y Diddy.
Al dar oxígeno a estas narrativas, 50 Cent está vinculando sistemáticamente a Jay-Z con los escándalos que actualmente están derribando a otros magnates. Está validando a los “testigos” —desde Beanie Sigel hasta Jaz-O— que afirman que la lealtad de Jay-Z solo fluye en una dirección. Está pintando el retrato de un ejecutivo despiadado que pisoteó a amigos para llegar a la cima y que ahora es vulnerable porque esos amigos ya no tienen nada que perder.
Lo que hace a 50 Cent tan peligroso para Jay-Z es que las reglas habituales de enfrentamiento no aplican. Jay-Z no puede comprarlo; 50 es rico por derecho propio. No puede vetarlo; 50 opera fuera del sistema tradicional de sellos discográficos, con acceso directo a millones de fans a través de Instagram y plataformas de streaming. No puede silenciarlo con amenazas legales; 50 acoge el tribunal como otro escenario para su espectáculo.
Jay-Z es “buen negocio”, ha dicho 50 con desdén. Para él, Jay-Z es una entidad corporativa, protegida por salas de juntas y equipos de relaciones públicas. 50 Cent, en cambio, se presenta como el narrador caótico de la verdad, el tipo que sobrevivió a nueve disparos y no le teme a nadie.
Mientras observamos cómo se desarrolla esta saga, una cosa se hace terroríficamente clara: el “destino trágico” de Jay-Z tal vez no sea una sentencia de prisión ni una quiebra. Podría ser la lenta y pública erosión de su legado, desgastado poco a poco por un meme, una entrevista y un documental a la vez por el único hombre que no pudo controlar. La zona neutral ha desaparecido. La guerra está aquí. Y 50 Cent está sonriendo.