Con estas palabras demoledoras, Julián Álvarez ha sacudido los cimientos del Atlético de Madrid.El delantero argentino, fichado en el verano de 2024 como la gran apuesta ofensiva del club para recuperar su lugar entre la élite europea, ha cruzado una línea que pocos se atrevían a imaginar:
acusó directamente a un compañero de equipo —al que calificó como “la fuente del desastre”— de ser el principal responsable de la dolorosa derrota sufrida ante el Real Betis, un resultado que ha sumido al conjunto colchonero en su peor momento de la temporada y que coloca a Diego Simeone frente a la crisis más grave de su larga trayectoria como entrenador rojiblanco.

La declaración de Álvarez no llegó en una rueda de prensa ni en una entrevista pactada. Según fuentes cercanas al vestuario del Metropolitano, las palabras del exjugador del Manchester City y campeón del mundo con Argentina en 2022 se filtraron tras una reunión interna tensa celebrada inmediatamente después del partido perdido contra el Betis.
En ese encuentro, el Atlético mostró una imagen irreconocible: falta de ideas, desorganización defensiva y una esterilidad ofensiva que culminó en una derrota que dejó al equipo a más de diez puntos del líder de LaLiga y con serias dudas sobre su capacidad para pelear por los objetivos planteados al inicio de curso.

El atacante, que acumula una preocupante sequía goleadora —más de diez partidos sin marcar en 2026—, no se mordió la lengua. Según lo relatado por quienes estuvieron presentes, Álvarez se refirió explícitamente a un compañero de plantilla, sin mencionarlo por su nombre en público pero dejando claro que su presencia en el once titular le resulta insostenible.
“Es la fuente del desastre”, habría repetido varias veces durante la discusión, en alusión a errores repetidos, falta de compromiso o decisiones tácticas que, a su juicio, están lastrando al equipo desde hace semanas.La frase más dura, sin embargo, fue la que abrió esta nota: un ultimátum en toda regla que obliga a la dirección deportiva y al cuerpo técnico a tomar una decisión inmediata.

Diego Simeone, conocido por su capacidad para gestionar vestuarios complicados y por su férrea defensa del grupo por encima de las individualidades, se encuentra ahora en una encrucijada sin precedentes. El técnico argentino, que lleva más de una década al frente del banquillo colchonero, ha construido su éxito precisamente sobre la cohesión, el sacrificio colectivo y la idea de que ningún jugador está por encima del equipo. Sin embargo, la explosión de Julián Álvarez evidencia que esa filosofía podría estar llegando a su límite.
Fuentes internas aseguran que el Cholo mantuvo una larga conversación privada con el delantero tras el partido, intentando calmar los ánimos, pero el mensaje del atacante fue tajante: no está dispuesto a seguir compartiendo vestuario con la persona que considera responsable del declive actual.
El episodio llega en el peor momento posible para el Atlético. Tras un inicio de temporada irregular, el equipo había conseguido encadenar algunos resultados positivos que devolvieron la ilusión a la afición, pero la derrota ante el Betis —un rival que llegaba con problemas propios— ha abierto una herida profunda.
El conjunto verdiblanco, que ya había sido humillado en la Copa del Rey por los colchoneros semanas atrás, logró dar la vuelta a la tortilla en el Metropolitano, aprovechando los errores defensivos y la falta de punch arriba de los locales.Álvarez, que fue sustituido al descanso en varios encuentros recientes, vio desde el banquillo cómo el equipo se desmoronaba sin encontrar soluciones.
La afición rojiblanca, dividida en los últimos meses entre quienes defienden la figura de su entrenador histórico y quienes piden un cambio de rumbo, ha comenzado a posicionarse. En las redes sociales y en los foros de debate, algunos culpan directamente a Simeone por no haber sabido adaptar el sistema al perfil de Julián, mientras que otros consideran inaceptable que un jugador, por muy importante que sea, lance un ultimátum de esta magnitud.
“Si Julián se va, perdemos a un crack, pero si se queda y el equipo sigue igual, perdemos la temporada entera”, resume un comentario que resume el sentir general.Desde el punto de vista deportivo, la situación plantea interrogantes serios sobre el futuro inmediato. Julián Álvarez llegó al Atlético con la etiqueta de estrella mundial, tras brillar en el City y en la selección albiceleste.
Su primer año en Madrid fue más que correcto —con casi treinta goles entre todas las competiciones—, pero esta temporada la realidad ha sido muy distinta. La falta de gol, combinada con el rendimiento irregular de otros atacantes, ha generado una crisis ofensiva que el cuerpo técnico no ha logrado resolver.
Ahora, el propio delantero apunta a un compañero como culpable principal, lo que añade una dimensión extradeportiva al problema.¿Qué compañero podría ser el señalado? Las especulaciones en el entorno del club apuntan a varios nombres, desde jugadores que han perdido titularidad hasta otros que han cometido errores graves en partidos clave.
Sin embargo, nadie ha confirmado públicamente la identidad, y el hermetismo del vestuario impide conocer con certeza quién es “la fuente del desastre” según Álvarez. Lo que sí está claro es que la convivencia interna se ha roto, al menos temporalmente, y que Simeone deberá actuar con rapidez si no quiere ver cómo su proyecto se desintegra.
La directiva del Atlético, encabezada por Miguel Ángel Gil Marín y Enrique Cerezo, se enfrenta a una de las decisiones más delicadas de los últimos años. Mantener a Julián implica respaldarlo y, posiblemente, tomar medidas drásticas con el compañero señalado. Dejarlo marchar supondría perder a uno de los delanteros más cotizados del continente y asumir un golpe económico importante, ya que su cláusula de rescisión no es precisamente baja. Además, cualquier salida en este contexto sería interpretada como una rendición ante el ultimátum de un jugador, algo que históricamente el club ha evitado.
Mientras tanto, Simeone prepara el próximo encuentro con la calma que lo caracteriza, aunque en su interior sabe que está viviendo el momento más complicado de su carrera en el banquillo colchonero. Sus conferencias de prensa se han vuelto más cortantes, sus respuestas más medidas. “El grupo está por encima de todo”, repite una y otra vez, pero las palabras de Julián Álvarez han puesto en jaque esa máxima que durante tanto tiempo fue inquebrantable.
El Atlético de Madrid se encuentra en una encrucijada histórica. El silencio del club tras la filtración de las declaraciones del argentino solo aumenta la incertidumbre. ¿Se producirá una salida inesperada en el mercado de invierno? ¿Habrá una sanción interna para el jugador? ¿O Simeone conseguirá, una vez más, recomponer el vestuario y sacar al equipo adelante? Las respuestas llegarán en las próximas semanas, pero lo que está claro es que el ultimátum de Julián Álvarez ha cambiado todo.